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Tuve miedo
y me regresé de la locura

Tuve miedo de ser
una rueda
un color
un paso

PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS

Y mi corazón
un botón
más
de
mi camisa de fuerza

Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos
veo a la calle que está mendiga de pasos.

Carlos Oquendo de Amat

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“Llegará el día y habrá que aceptarlo.

Y aunque el corazón se acurruque en el pecho,

Como un pájaro enfermo,

Habrá que aceptarlo.

Sólo falta saber quién de los dos

Quedará sin oir la respiración del otro,

Huérfano del lenguaje cifrado de la otra mirada.

Quién de los dos

Quedará en el vacío de las sombras,

Sin el latente custodio de su cuerpo.

Quién sufrirá la alejada presencia

Llenando el vacío de los cuartos.”

Matilde Kuminsky Richter en “Cenizas y plegarias

Cuentos Cuánticos

relojEl paso del tiempo es un problema que martillea a la física y a sus practicantes.  Todos tenemos una intuición sobre el paso del tiempo, crecemos, cambiamos, nos movemos, etc.  El tiempo fluye, signifique eso lo que signifique.  ¿Por qué siempre fluye en la misma dirección?

En física se nos dice que el tiempo solo es una dimensión más, igual en estatus que las dimensiones espaciales ancho, alto y largo.  Pero sin duda tiene un carácter distintivo, yo puedo “ver” las dimensiones espaciales a mi alrededor y puedo desplazarme a voluntad por ellas. Con el tiempo no puedo hacer eso, el tiempo me arrastra del pasado al futuro, siempre.  Puedo recordar el pasado pero no el futuro.

Sin lugar a dudas el tiempo tiene una flecha, apunta en un sentido y eso, eso es un problema.

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Este año no volví al rugby, no fuí a Ushuaia, no me operé la rodilla,  no seguí alemán, no hice el TOEFL, no arreglé la bici, ni me compré una nueva. Me negué a leer Saramago y a admirar a Borges. Me conecté aún más con Sábato y por fin me reivindiqué con Arendt. No me prometí maldecir a ‘La princesa del maíz’ en Miraflores, ni mucho menos a seguir escribiendo sobre ella; no me escapé al frío andino de Mendoza cuando tuve la excusa para hacerlo.

Traicioné muchos de mis principios, pero adquirí otros que ya cultivo con más aprecio. Conocí a gente que no esperaba conocer y que fueron un faro; en estos días han aparecido personas raras, personas que según huelo, me van a  enrriquecer, habrá que seguirles la pista.  Conocí a otros que no me hubiera gustado conocer, ya sea por su brillo enceguecedor; ó por el peso y hediondez de su falsa modestia; aprendí que hay mucho ‘jipi barato’ a quienes le gusta presumir lo que hacen, no lo hacen por pasión,  solo lo hacen para relucir, seducir y aparentar. A esos nunca me faltaran ganas de atacar. Hice hermanos, pero quebranté a muchos, olvidé a muchos, otros a mi me olvidaron. Me sorprendió lo que yo significo para muchas personas, recibí más de lo que según creo, merecía. Se pusieron a prueba muchas de mis amistades, unas porque así lo decidí, otras por que las circunstancias lo quisieron. Me preocupó el mucho esfuerzo de los otros por mantener el afecto; y mi pasividad y pereza de corresponder tal acto. Me propuse hallar la motivación de ser más cálido y cultivar al máximo mis amistades, en especial esas de las cuales puedo aprender mucho.

Me conecté más con mi familia, reconocí la tragedia del desconocimiento mutuo, de ellos hacia mi, pero más grave aún, de mi hacia ellos. Descubrí la picardía y sabiduría de mi abuela, es ahora un momento de mi vida donde la veo como una héroe, que va casi al siglo y que muchas cosas del mundo han pasado a sus ojos. Reconozco la pujanza de mi familia; más critico la pérdida de valores, contradicciones ó sesgos morales llevados por su fé, de las cuales sería pedante excluirme. He sentido a veces la soberbia de creer que puedo yo más enseñarle a ellos que ellos a mi.

Me enamoré aún más de la matemática, de la loca idea de algún día vivir del oficio de crear universos abstractos con el solo fin de fritar mi cerebro. Creo que me vendí al fastidioso mercado académico de ‘publicar por publicar’, aún mis principios siguen intactos, el tiempo lo afirmará.

Me reconocí ingenuo: al haber tomado decisiones que no debí tomar; de haber dejado pasar oportunidades que aún hoy día me hacen estallar mi cabeza contra la cómoda, friccionar mis muelas ó tragar a secas. Al sobrepasarme con las palabras sin saber a quien tenía enfrente. Creo que crecí un poco, reconocí el valor de la autocrítica, aprendí a malos golpes la validez de tener un discurso prudente y pausado; más no dejé de lado mi carácter, mi forma incisiva y directa de expresar las cosas. Me negué a seguir el tonto juego de las indiferencias y a entrar en la molesta onda del importaculismo del cual muchos hacen mofa.

Por último, creo que lo mejor que me dejó este año fue que adquirí una pasión por las cosas que hago, siento o expreso. ‘te empeliculas’ dicen muchos, por fortuna no de una forma peyorativa, si no más bien aclamante. Creo estar en un punto de inflexión en la vida donde más vale tener impulso para ver que tan lejos se llega: Más vale atajar locos que empujar bobos dice el rugby.

Que el 2015 llegue con la pasión por lo que haga, sienta ó diga, que esté cargado de actidud y buena energía.

Este año sí se entrena!