Algo personal para alguien impersonal

Te obligaron a ser otro, a la intermitencia de la rutina, a acomodarte a lo que es normal.

Como si te sacaran de tu mundo de luz, y tus palabras se tornaran pálidas y flácidas.

Pasa un instante, y ya no te reconocés. Hurgas con tragedia e impotencia vestigios de lo que veías y vivías, retazos de lo que alguna vez te reconociste. Hacia allá te llevaron, te etiquetaron, te pusieron en un rincón y te juzgaron, no se si por tu peligrosa efusividad ó locura; para algunos significarán lo mismo. ¡Magnifico discordias al decir que fue por tu lucidez!. Porque te trajeron a un mundo, donde de un día a otro las cosas que estaban aquí, ya no están ahí. Para el mundo nada cambió y vos solo fuiste quien se percató… Como si ya no hubieran sillas y de repente a nadie se le ocurre tal artefacto para sentarse. Preguntabas, te alzaban la ceja y retóricamente preguntaban “¿Qué te pasa?”. Te explicabas y no te comprendian. Ellos decían que balbuceabas, punto. Y fue así como te  anularon, te quitaron la palabra y la validez de lo que decías. Ahora esperas a que pase el tiempo, a que te despedacen como un juguete de lego, porque sencillamente aquí ya no cabías, aquí las sillas nunca existieron y ya ni sabremos que es sentarse.

Descansá en paz J.A. Builes!


* Referencio a mi amigo Daniel Mejía, de cuya discusión sobre la situación del protagonista y la analogía con las sillas me motivaron a este desahogo.

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